19 Ene MONOLOGOS ANTE UN ESPEJO
¿Alguna vez os habéis mostrado por la mañana delante del espejo del baño, y habéis comenzado a haceros preguntas?
Preguntas del estilo ¿pero qué estoy haciendo? preguntas como ¿ya ha pasado tanto tiempo?
La confusión nos asiste en muchos momentos de nuestra vida. Permanecer lúcido por un tiempo permanente es muy difícil. Es normal y lógico que nos asistan dudas, que nos asalten preguntas. Que tengamos momentos en los que nuestra claridad cara al camino que debemos recorrer, no nos resulta tan clara.
Es perfectamente normal, y hasta sano que nos asalten esas preguntas, esas dudas existenciales. ¿Hacia dónde caminaríamos pues si no tuviésemos esas preguntas? ¿Qué camino elegiríamos? ¿Puede haber algo más anodino que una vida en la que todos los días te levantas a la misma hora, haces las mismas cosas, regresas a casa y te muestras completamente predecible?
Alguien dirá que esta última pregunta le resulta incluso ofensiva, pues para ellos eso es seguridad, estabilidad, e incluso el pilar fundamental de su día a día. Bien, correcto, pero permitid que dude de ello, sólo por un momento pensad. ¿Que sucederá ese día que te levantes, o que mires a un escaparate en el que veas tu reflejo, y te asalte la primera pregunta?
Sea cual sea la respuesta a estas preguntas, espero que estés muy feliz con tus respuestas. Y sobre todo recuerda una cosa, no dejes de cuestionarte las cosas. 😉
ANTE UN ESPEJO
Alteré mi gesto pobre
al reflejo del monólogo teatral
representando ante un espejo,
sin duda narrador de verdades.
Pueden estar seguros de los cierto,
jamás lágrima tuvo este desierto.
Navegado entre Clio y versos
me perdí, difuso, errante
en décimas de segundo tan pobres
como sinceras en su paso
ante el trémulo roce
de la inexpresiva figura
de mi mismo.
Intrépido camino recorrimos.
Tablas y luces, palmas y silencio.
Como contar lo que incontable siento.
Tembloroso el labio el quejumbroso acento
se desgarró entre soledades llenas
de calor incierto,
pudiese parecerse esto al infierno,
más sin embargo estando sólo
y contemplando este destello
mientras los paños de encaje
enjugan apuestos miedos
nuestra piel se hace cercana
y el dolor aun más intenso;
sirva para hablar entonces mudo
y mirar hacia lo lejos
para aferrarme a la punta
ardiente que escribe versos.

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