03 Ene DOS PASTORCILLOS: SALUSTIO Y GENEROSO
Aunque estamos concluyendo estos fastos navideños (algunos incluso dirán que afortunadamente) en este, mi segundo post del año, quería dejaros con un tributo a un género que se cultivó hace algún tiempo.
Me estoy refiriendo al género bucólico o pastoril. Algunos enmarcan la aparición de este género como poético desde los tiempos de Teócrito (310 a.C-260 a.C) ¡ya ha llovido! ¿eh?. Otros hacen referencia más a la novela pastoril que se cultivó en el Renacimiento europeo. Yo me inclino más a pensar en la primera opción, y que como consecuencia de ello, las referencias y las influencias estilísticas en la obra de otros autores como Virgilio, son más que notables.
Sea de una manera u otra, lo que es cierto, es que la poesía bucólica cristiana, posterior a los clásicos, tiene una cierta influencia de este genero, y que a mí personalmente me da un halo romántico interesante para poder componer. ¿Y qué menos que estas fechas para poder presentaros en dos entregas esta historia de pastores?
¿Qué os parece? Detrás de la aparente fachada rustica de la historia, se esconde otra de mayor calado en cuanto a las miserias humanas. ¿Te atreves a dar tu opinión al respecto? ¿Ahora o mejor esperas a la segunda entrega mañana?
Tu mismo, tu decides 😉
SALUSTIO Y GENEROSO
Dos pastorcillos hallabanse sentados,
por Salustio y Generoso
ilustres nombres tenidos.
Mientras sus rebaño pacen
yantan sus viandas amigos
mirando que nubes guarden
lluvia, como su sombra los pinos.
El morral al suelo echado,
al pié del cayado amigo
vomita panes y quesos
jamón, cecina y tocino,
que aunque malos tiempos sean
campo al pobre da cobijo,
como Salustio le ofrece
a Generoso su exiguo
aunque bien prensado
y oloroso cigarrillo,
tras apurarse unos tragos
del pellejo de buen vino.
La tierra huele a mojado,
cuando pastores y olivos
escuchan y se alimentan
de alientos de amor oídos.
Quien los cantaba besaba
las manos de noble falda
cuando tintines sonaban
de la mano a su bolsada,
y Terpsicore en un guiño
olvidaba en una jarra,
que algún ansioso de versos
para su amada compraba,
y hasta recibir los cantos
en un papel que manchaba,
soportaba con doblones
espurias de cortes depravadas,
que la carcoma en madera
hueca primera separa
la vida de la belleza
siendo belleza en fachada
que podrida en sus entrañas
desmadejada bracea
por los hálitos que traga
en grandes bocanas viejas.
¿Para qué darle consejos
a quien no los necesita?
¿Por qué habría de revelarle
la luz al opaco estado?
Si componiendo canciones
los caminos me procuro
y con conjuros de amores
licor afrutado embucho,
dejemos reyes y ministros
en sus altos pedestales
que para protestar prendido
formo rebaño en las calles.
Un joven borrego entonces
a Generoso se acerca,
ante la atenta mirada
de otra de sus ovejas
la que madre pace pastos
y deja que aprenda su cría.
Curioso, el joven ovino,
a un paso está de los hombres
y grita como sus nombres
en tiernos largos balidos.
Las palabras de Salustio
llevan sus protestas hilo
y sólo risa a los cuerpos
de los pastores tendidos.
Cuando el reluciente cordero
su disertación termina
han quedado los pastores
igual que antes de oirla
y Generoso, que es amo,
uno de sus brazos estira
para agarrar al cordero
de su blanca pielecilla.

Alejandra Sanders
Publicado a las 21:45h, 03 eneroHola Jose, no acostumbro a leer poesía bucólica. Aun así me gustó, tanto por su forma como por su contenido.
Abrazos!!
Jose Carlos
Publicado a las 12:01h, 04 eneroMuchas gracias por el comentario Ale. Doblemente agradecido por que además no acostumbras a consumir este tipo de literatura y ello le concede doble valor. Es un género que a día de hoy no se cultiva demasiado pero que en tiempo tuvo su momento, y que además ha dado paso a la evolución de la poesía. Abrazos.
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