04 Ene DOS PASTORCILLOS: SALUSTIO Y GENEROSO (CONTINUACION)
En el día de ayer, dejamos a los dos pastores, Salustio y Generoso, preparándose para comer y en una animada conversación que se tornaba hasta filosófica.
Hoy vamos a ver el desenlace de esta conversación en qué termina.
Cuando el reluciente cordero
su disertación termina
han quedado los pastores
igual que antes de oírla,
y Generoso, que es amo,
uno de sus brazos estira
para agarrar al cordero
de su blanca pielecilla.
-Al Campano no le gustan
las historias que me cuentas,
dice a Salustio el amigo
acariciando a la cria,
que tiene sobre el regazo
dónde minutos antes comía.
Le suenan más las mentiras
de esos chismes que condenas
que los ladridos del Renco
cuando del rebaño se aleja.
-Pensaba que mis palabras
entre comida y comida
las tenías como ciertas,
que yo no digo mentiras,
que si los amores cuento
de Nemesio y la Florinda,
o los desmanes del médico
con Sor Maria en su finca,
son porque es viento del pueblo
que en todas las puertas golpea
y quien quiere las escucha
y quien no, no presta candela,
pues arde el fuego encendido
sin arrimar mucha leña.
-Ni compongo muros viejos
que derruidos se vean
para otros que en sus casas
del frío mi cuerpo proteja
ni escucho cuitas ajenas
con tanto empeño que luego,
las lenguas con las que largo
mi ropa aireen al viento,
que aunque poca muda tengo
la lavo y tiendo al sereno
donde nadie me la vea,
que pleitos son para necios.
¿Acaso comes tú Salustio
como antes lo hemos hecho
del trabajo que procuras
a quien compone esos versos?
-Miro bien con quien camino,
y sabes que soy del gremio
que antes que tú Generoso,
fui zagal con mis corderos.
Los dos pastores se miran
y miran luego al borrego,
que tranquilo ojos cierra
a rayos del sol venideros,
que brillante y caluroso
a primavera se llega
dando pasto a los rebaños
de una nación entera.
El joven bicho se viene
hasta dónde su madre le aguarda,
lo que a chillos reprobaba
no parece ser molestia,
han bastado dos caricias
y cuatro palabras buenas
para dar contento al público.
El zurrón en recios hombros reposa
y un silbido trocha empieza
poniendo fin al descanso.
El cordero está contento,
sus amos, más van estando,
que lo que fue corta espera
será Pascual en la mesa
de ofrenda en un Jueves Santo,
pues pocos días se restan
desde aquí en el calendario.
-Te veo el domingo en la iglesia
Generoso.
-¿Desde cuándo vas tu a salmos?
-Desde que en la plaza
sirven vino y risas en los vasos,
que no me gusta la copa
que pasa por muchas manos.
-Vendrán a misa los señores
con su hija, Doña Elvira,
servirán a tus recados.
Dijo el pastor entre risas.
-Esa historia emplea tiempo
que ahora no encuentro, aunque quiera,
pero prometo contarlo
ante más selecta audiencia,
que los amores de nobles
por pobres siempre se cuentan,
con mucha más alta gracia
que a la que sus puertas cierran.
-Problemas buscan problemas.
-No pongas penas, y espera,
que no mancilla el que ciertas
frases a la boca lleva,
y quien molesto se encuentre
que cierre filas y verjas
sobre sus propias verdades.
Que hombres hay que son zapatos
y otros que sirven de tierra,
pero todos van con lengua fina
y oído a intriga y entrega.
Así se marchan Salustio
y Generoso a sus tierras
cada uno por su lado,
con diferentes ideas,
uno mostrando la vida
de quien la gana en sus cuentas,
y otro viviendo la suya
sin mezclarse en las ajenas.
Bien, ahora llega el momento de preguntar…¿tu, eres más Salustio o Generoso? 😉

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